En una de las zonas más elegantes de la capital se encuentra este palacete señorial del siglo pasado, que el duque de Santo Mauro ordenó edificar, y antigua residencia de varios embajadores, el último de ellos de Filipinas. La armonía y un exquisito gusto son las notas características de todas las dependencias, algunas conservadas intactas del antiguo palacio, como la biblioteca o los salones de baile. La calidez de la madera contrasta con las tapicerías y los objetos decorativos. Los altos techos y los amplios ventanales construyen estancias encantadoras, muchas con chimeneas restauradas de marmol italiano. Todas las habitaciones han sido decoradas de forma diferente, personalizando ccad una de ellas, pero sin renunciar a las comodidades de un hotel de lujo. Un coqueto jardín y su biblioteca llena de maderas nobles y aires intelectuales, aportan su granito de arena a la distinción y la elegancia de un lugar en el que todo es posible. |